Y SI NO QUIERO ACERCARME A DIOS?

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Éxodo 20:5-6

“Porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

En Éxodo 20 Dios está dándole los mandamientos a Moises, en medio de situación complicada. Los israelitas salen de Egipto, con todas esas manifestaciones tan poderosas con lo cual es minimizado el faraón que los tenía dominado. Ahora están en el desierto un poco perdidos, por no decir, sin tener la más mínima sospecha de que les deparará en medio del desierto a merced del lugar y cualquier otro pueblo que quiera tomar suerte con el pueblo de Dios. A (muy) grandes rasgos esa es la situación del pueblo nómada, y ahora su Dios se dispone a “marcar la cancha” para ellos y todo aquel que quiera adorarle.

Entonces empieza hablando mas claro que el agua de manantial. v1 “No tendrás otros dioses además de mi, solo yo soy Dios” (paráfrasis de este inicuo). Y bueno, así es, mas claro no se puede. En Egipto podían tener cuantos dioses quisieran e inventarlos a antojo, y orar a ver si les daba algún tipo de respuesta y nadie podía negar tal devoción por express que fuera.

El todopoderoso continua hablando y escribiendo la ley a Moises, y es aún mas enfático, diciendo que no pueden adorar nada que no sea él y punto, nada que esté en el cielo, nada que esté en el cielo, y ni se les ocurra hacer algún tipo de estatua porque no es permitido. Y el mensaje no puede ser mas directo, “solo a mi me puedes adorar”.

Pero Dios no es nada tonto, el sabe que vamos a tratar de buscar otros dioses de alguna forma, o manera, siempre lo hacemos, porque el nos hizo él sabe que tenemos la necesidad inherente de adorar, y si algo nos da placer expedito, pues que mas adorable que quien nos de en el gusto, justo lo que queremos? Ya sea que nos de algo, o que nos quite algo, un dolor, una tristeza, pues muy fácil de adorar, amar, seguir solo porque nos da aquello que anhelamos. Y es cuando el Señor infiere que ni el pueblo de Israel, (ni nosotros) van a venir tras él sin presentar argumentos y lucha para buscar el beneficio propio y expedito.

Y el Señor continua diciendo: “Porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso”. Luego voy a ampliarles porque Dios si puede ser celoso y nosotros no podemos, no quiero desviarme del tema que nos atañe, pero si quiero apuntar que nos dice, que él es superior que nosotros, y que es fuerte, y lo que es de él, lo reclama como suyo. Y bueno… ok con eso… Mis emociones siguen haciendo ebullición por lo que me da el favor inmediato, sin importar si es profundo, desinteresado y mucho menos importa si es un perjuicio a largo plazo, lo que importa es el ya y que mi ego se sienta bien, así funcionan las emociones de los israelitas y las mías y las de todo el mundo, y Dios lo sabe.

Ahora lo que nos tiene acá.

A sabiendas de todo lo anterior, que debemos acercarnos a Dios y que Dios quiere que nos acerquemos y lo adoremos a él, como único Dios, el omnipresente dice: “…que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Debo decir que la primera vez que leí esa parte, lo único que pensé fue en esconderme debajo de una piedra porque estaba seguro que Dios me quería matar. Porque si el asunto es así, y yo estaba leyendo bien, pues yo tendría que pagar las facturas de mi papá, y tenía muy claro que no era una cuenta pequeña. Pero no podía estar mas equivocado, mi observación era diametralmente opuesta a la verdad del Señor.

Entonces, Dios me visita. Donde? En la maldad de mis padres cuando entraron en contacto conmigo, ergo, el lugar donde fui dañado, lastimado, corrompido o lo que usted quiera agregar. Nuestros padres son una representación clara de lo que Dios debe ser para nosotros, y queramos o no, nuestros hijos, verán a Dios de la manera en que nos vean a nosotros, por tanto, si mi papá me lastima (con su maldad, y no pensamos de donde vino, eso es otro tema, probablemente de su papá), entonces yo voy a estar dañado, no voy a funcionar bien y por ende no voy a querer acercarme a él, mi papá y la representación humana de Dios Padre. Y es allí donde Dios quiere visitarme, donde estoy herido, en ese lugar dentro de mi que no me deja moverme hacia él, Dios, quien me quiere hacer bien y a quien debo adorar. Él quiere acercarse, pero para qué? Para culparme por el daño que recibí sin pedirlo? Para hacerme pagar por una herida que recibí? Locuras! El sabe que voy a estar lesionado, agonizante, sin ánimo de acercarme a la figura que me hizo daño. Para que voy a acercarme a alguien que se llama padre? Los papás hacen daño. Y debido al daño, tengo una carencia, un dolor, y quiero que alguien la satisfaga y calme ese dolor, el primero que llegue tendrá mi atención, porque así somos, si nos duele y nos calman pues será suficiente para otorgar atención y adoración en última instancia. Pero veamos que hace Dios cuando se acerca.

Dios se acerca nos dice esto: “y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. Él llega, y se encuentra conmigo y me ve en mi dolor, y tiene misericordia de mí. Me ama. Mira mi rechazo a él, al Dios que debo adorar y solo tiene misericordia, no hay castigo, no hay mas golpes o reproches, hay misericordia, y luego de limpiar mis heridas con misericordia, y liberarme de la culpa, un ofrecimiento. Ámame y guarda mis mandamientos. Es todo.

La maldad que recibí de mis padres, corrompió hasta 3 y 4 generaciones luego de ellos, pero la misericordia y el amor de Dios alcanza a miles luego de mi, basta con dejar que él me visite, allí donde la maldad de mis padres me tocó y me dañó. Por eso el evangelista dice en Juan 15:16 “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”. el nos ve en nuestro dolor, y mira nuestra maldad como la consecuencia de nuestras heridas y se acerca a nosotros para sanarnos y ayudarnos a que nos acerquemos a él, para hacernos bien y que disfrutemos de su bondad.

Él no se asusta si no queremos acercarnos a él, todo lo contrario, su amor lo mueve a buscarnos para que estemos cerca y disfrutemos de su amor y misericordia.

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